lunes, 30 de mayo de 2016

MIEDO A HABLAR EN PUBLICO

Entrevista a Axel Persello, Director de IAFI, quien dirige un programa de oratoria en su instituto, nos brinda una mirada desde la PNL, y desde otros enfoques sobre uno de los síntomas más comunes a la hora de hablar en público.

P: ¿Cuántas personas sienten algún tipo de miedo, nervios e incluso pánico, al hablar en público?

R: Muchas, más de las que creemos. Si tengo que decir un número, estimo que el 80% de la gente siente alguno de esos síntomas.



P: ¿A qué se debe el miedo a hablar en público?

R: Está claro que se relaciona con inseguridades. El problema no son las inseguridades, sino el no poder aceptarlas como tal. Hay una relación directa con dos palabras: vulnerabilidad y perfeccionismo. A veces en los cursos nos damos cuenta que todos experimentamos eso, y cuando nos damos cuenta, la gente repentinamente comienza a hacer bien sus presentaciones frente a ese grupo. Como saben que todos están en la misma situación, algo en su cerebro dice “acá todos están como yo, no hay problema, no quedaré mal”.

P: Mencionaste vulnerabilidad. ¿Podrías explayarte un poco más sobre esta palabra?

R: Claro, más allá de cualquier definición o de su etimología, se relaciona con el miedo a que descubran que no soy perfecto, que tengo errores, que no soy como se supone que debería ser. Esto no solo ocurre en la oratoria, lamentablemente ocurre en todos los ámbitos de la sociedad actual.

P: ¿Qué hay sobre el perfeccionismo?

R: La famosa vara alta. Es un patrón de comparación con un ideal, no con algo real. Quiero decir que me comparo con lo que debería ser (irreal), y no con otra persona (real). Ese ideal es un mandato social y familiar. Es el perfeccionismo el que no nos permite ser vulnerables.

P: ¿Qué se puede hacer respecto al perfeccionismo y a la vulnerabilidad?

R: Afortunadamente hay mucho por hacer. Lo primero es re-encuadrar esta situación: ser vulnerables nos hace más perfectos. Aunque el problema está en que, a pesar de entenderlo, seguimos haciéndolo.

P: ¿Y cómo hacemos para aceptar definitivamente la vulnerabilidad?

R: Es un tema amplio, del que se pueden ocupar otras ciencias, como la psicología social y la antropología. Porque el ser humano no está genéticamente preparado para ser vulnerable. En tiempo prehistóricos, o en los animales, dentro de una manada, ser vulnerable era señal de debilidad. Pero eso era antes, cuando podías quedarte sin una hembra, o ser comido por otro animal. Hoy los cambios son tan rápidos que nuestro cerebro no llega a adaptarse.

P: ¿Cómo es que nuestro cerebro no llega a adaptarse?

R: No es nada nuevo, ya lo decía Carl Sangan en su famoso calendario, los avances son exponenciales, los cambios cada vez son más rápidos. Sumado a las teorías de Darwin sobre la supervivencia del más apto, podemos concluir que hoy en día ser vulnerable es algo que puede ser bien visto, pero que nuestros genes no tienen esa información. Nuestro mundo emocional aún no está lo suficientemente desarrollado para reaccionar adecuadamente ante situaciones desprevenidas. Cuando las cosas nos salen mal por estar vulnerables, experimentamos enojo, culpa y tristeza.

P: ¿Qué emoción debería ser la adecuada?

R: Creo que la compasión con nosotros mismos es la más adecuada. Pero no sabría explicarla, solo puedo experimentarla.

P: ¿Es cómo la lástima?

R: En absoluto. Hay una creencia social que las relaciona directamente, pero en la lástima nos colocamos un peldaño más arriba del otro. Es como decir “pobrecito aquel”. La compasión no genera ese lenguaje. El lenguaje que tenemos sobre el mundo emocional no permite describir adecuadamente la compasión. Creo que me estoy desviando del tema porque ya siento ganas de citar a Echeverría. Estoy hablando del fin de un paradigma y la entrada de uno nuevo.

P: Cuando mencionas que sucede en otros ámbitos, además de la oratoria, ¿a cuáles te refieres?

R: No sé, se me ocurre ahora situaciones de amor. Tenemos miedo a amar muchas veces, miedo a que no nos correspondan. El ser humano trabaja constantemente con generalizaciones. Si amé a alguien y me lastimó, entonces la próxima vez tendré más cuidado.

P: ¿Qué hay de malo en eso? ¿Acaso no es un aprendizaje?

R: No digo que no haya que aprender, el problema es que aprendemos equivocadamente. Porque solemos movernos entre extremos. Las personas nos movemos del blanco al negro, aún nos falta mucha educación para experimentar los grises. Siguiendo ese ejemplo, puedo esperar a asegurarme que el otro me ame para permitirme amarle. Y aquí podría pasar que el otro se fue antes, o que estuve sufriendo por no expresar o por negar lo que siento. Y luego ¿qué hago? Vuelvo a entregarme por completo. Es una mirada mía, muy personal que he compartido con otras personas en grupos de discusión. No es necesariamente la verdad. ¨Pero nos estamos desviando hacia el campo de las “expectativas altas”.

P: Hasta ahora has hablado sobre emociones, pero ¿qué otras cosas le pasan a una persona cuando tiene que hablar en público?

R: Si no hablamos de emociones podemos hablar del cuerpo y de procesos cognitivos del pensamiento. La gente se dice cosas asimisma de forma muy inconsciente, como, por ejemplo: “Voy a hacer el ridículo”, “me voy a olvidar todo”. O crean imágenes mentales donde el público se está riendo, o se ven a ellos mismos tratando de salir corriendo de ahí.

P: ¿Y qué pasa con el cuerpo?

R: El cuerpo, las emociones y el lenguaje van de la mano. No puedes tener un cuerpo que proyecte confianza mientras estás sintiendo miedo. Algunas personas tratan de disimular el miedo con posturas corporales, pero te delata igual. Tarde o temprano se proyecta una incongruencia. Puede ser también por los cambios agudos en el tono de voz, o cierto tartamudeo.

P: Leí que practicando posturas corporales antes de presentarte puedes hacerlo mejor. ¿Es cierto?

R: En parte sí. Es una herramienta que ayuda, pero varía dependiendo de la persona y de la intensidad de las emociones. Como mencioné antes, el cuerpo y las emociones van de la mano, entonces practicando apertura, meditando, saltando, o lo que cada uno necesite, puede modificar su estado emocional. Pero no se puede determinar cuánto durará esa emoción. Creo que es para personas que ya tienen cierta educación emocional y consciencia corporal.

P: ¿Qué mensaje le darías a quienes leen esta nota y tienen miedo a hablar en público?

R: Que puedo asegurar que eso se soluciona. Y qué requiere voluntad. Yo mismo cuando exponía en la universidad entraba en pánico. La primera vez que di un taller en público me bebí un vaso de vodka antes, tenía mucho miedo. Pero con el tiempo, fui reforzando la creencia de que podía hacerlo bien, cada vez más, hasta que un día todo ese miedo desapareció. Creo que se asemeja a aprender un idioma: por mucho tiempo tienes que traducir en tu cabeza lo que tienes que decir, hasta que un día repentinamente estás pensando en ese idioma.

P: Gracias. No imaginaba lo del vodka.

R: No se lo cuentes a nadie.


Además de ser el director y fundador del Instituto Americano de Formación e Investigación, Axel Persello es Ingeniero Industrial, Trainer en Programación Neurolingüística, Coach Ontológico y Gestaltista en Organizaciones.